Hoy en Bibliopatía: El inevitable ascenso del libro electrónico, la polémica…

Entrega de la colección de Quehacer Editorial a Francisco Zea

Alejandro Zenker
Editor de Bibliopatía

Después de una fuerte pero corta arremetida contra los libros electrónicos por parte de los defensores del libro impreso, vino lo inevitable: el contraataque de los analistas del sector. Pareciera que, en efecto, el inevitable ascenso del libro electrónico se detuvo momentáneamente. Sería algo comprensible dado su rápido crecimiento en los últimos años. No obstante, dicho freno ni siquiera se ha registrado de manera global, sino sólo en el terreno de la industria establecida y, precisamente, porque a ésta no le conviene que el lucrativo negocio del libro impreso se venga tan rápidamente abajo. Por su parte, el otro gigantesco segmento del libro, compuesto por los autopublicados, no ha sufrido menoscabo alguno, al contrario, sigue en continuo crecimiento. Guerra de cifras en épocas de transición. No cabe duda de que hay que estar alerta y observar a detalle las tendencias, pero sin dejarse llevar por las pasiones. El libro es un negocio que mueve grandes recursos en el mundo, y son muchos los intereses en juego. Lo cierto es que seguimos recibiendo reportes que apuntan a continuas bajas en las ventas de libros y cierres de librerías. En la pasada feria de remates los organizadores registraron un notable descenso en las ventas. Hacen falta políticas más decididas y urgentes para apuntalar la industria del libro y su circuito comercial.

En medio de ese panorama, ayer hicimos entrega a Francisco Zea, asiduo lector y seguidor de Bibliopatía, de la colección completa de Quehacer Editorial. Con los 15 tomos bajo el brazo, Noemí Ravelo, Pilar Flores y yo nos reunimos con el ganador, locutor titular en Grupo Imagen, le entregamos los libros y conversamos brevemente sobre el contexto del proyecto y la trayectoria de Solar, Ediciones del Ermitaño y la Librería del Ermitaño. Nos invitó a charlar, en un futuro próximo, en uno de sus programas sobre la situación de la industria y las librerías de barrio como modelo de negocio cultural.

Toca ahora iniciar una nueva ronda para rifar entre nuestros suscriptores un Certificado de Profesionalidad, donado por IC-Editorial. Estén atentos.

Argentina, dividida entre editar y producir

En días pasados, la Cámara Argentina del Libro, presidida por Luis Quevedo, presentó su informe anual. Entre los datos presentados, saltan dos a la vista, que si bien podrían parecer contrarios, resultan indicadores complementarios, dos caras de una misma moneda a las que deberían prestar atención el resto de los países latinoamericanos, pues son situaciones a las que varios de ellos se enfrentan.

Se estima que en 2015 se publicó en Argentina un título nuevo cada 18 minutos, lo que implica el ingreso de 1 000 libros nuevos por mes a las librerías y espacios tradicionales de venta del país, es decir, solo 12 000 de las 29 000 novedades registradas.

A pesar de esta explosión creativa, el segundo dato significativo es que la producción de ejemplares disminuyó  en 35%, y a esto se suma el daño que causa a la industria el que muchos de estos se encarguen a terceros países.

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Nos vamos de feria

booksBolonia, Londres, Buenos Aires, Bogotá, Ginebra… Pareciera el itinerario de un exitoso grupo de rock, pero nada más lejos de la realidad. En abril comienza el primer tour de force del mundo del libro en forma de ferias. Tradicionalmente, en este mes se toma la temperatura en el sector editorial (a quien le va bien en abril, le va bien el resto del año). A la clásica festividad del Día Internacional del Libro se han ido sumando ferias a lo largo y ancho del mundo y cada una tiene su particular idiosincrasia, público y objetivo.

Los profesionales del libro acumularán miles de kilómetros de vuelo, cientos de tarjetas de presentación, decenas de muestras y un sinfín de experiencias y planes, algunos de los cuales se concretarán en los próximos meses en forma de nuevos negocios. En Latinoamérica se estila más organizar ferias mixtas, en las que los profesionales comparten espacios —y a veces tiempos— con el público general, que suele aprovechar los descuentos que las casas editoras ofrecen.

Sea cual sea el formato, son eventos únicos en los que se aceleran las sinergias entre proveedores de servicios y tecnología, agentes, autores, editoriales y distribuidores, y es donde se fraguan las nuevas formas de consumo de contenidos y se reafirman las tendencias mostradas en años pasados. Estas ferias son, también, caldo de cultivo para el chisme y la rumorología en general en un sector muy opaco y reservado, en el que las noticas circulan por esta particular “radio Macuto” o “radio Pasillo”.

De igual forma, las ferias se vuelven promotoras de la lectura debido a que asisten personas que normalmente no entran a las librerías, por lo que este es su primer acercamiento a los libros, de ahí la importancia de que las editoriales participantes tengan descuentos en el precio de sus publicaciones y no se vuelva solo una “reunión editorial”.

Las ferias en las que hay venta serían el lugar ideal para que el editor conociera más de su grupo objetivo y para conseguir, con distintas estrategias demarketing, cientos de contactos interesados en sus libros. Pues bien, en pocas o en ninguna sucede. Dejan escapar las posibilidades que estos eventos ofrecen sin aprovechar la obsesión de algunos organizadores por batir el récord de asistentes de años anteriores.

En cualquier caso, sea cual sea el enfoque y los comentarios que se susciten en ellas, las ferias son una prueba de que el sector, pese a sus altibajos, está más vivo que nunca. Nos veremos en las ferias…

Rafael González Bautista
@rafauskiv